lunes, 12 de enero de 2009

Ladrido Nº2: Un contenedor de basura en Wulai...

Nadie sabe, ni siquiera yo, el día exacto en el que nací. Creo que fue por ahí el mes de Diciembre del 1995 (tanto tiempo atrás!), en algún rincón de Wulai, un pueblo situado en las montañas al sur de la ciudad de Taipei, capital de Taiwán.

Os sitúo… Wulai (o 乌来en Chino), así como toda la zona que le rodea es un área montañosa poblada mayoritariamente por los aborígenes de la tribu Atayal,una de las muchas tribus aborígenes que originariamente poblaron la isla de Taiwán. Poca gente fuera de Taiwán lo sabe, pero la mayoría de estas tribus, pobladoras originarias de la isla, todavía existen y han conseguido conservar sus culturas, lenguas y tradiciones, a pesar de la fuerte dominación y control que han ejercido diferentes grupos de colonizadores, especialmente los chinos, a lo largo de la historia.

Cerca de Wulai vivía una pareja de extranjeros, Mark y Lara. Dicen que la vida, tanto de los animales como la de vosotros los humanos, la marca o la decide el destino. Yo soy simplemente un perro y no sé si realmente es cierto. Pero si lo es, desde luego que mi destino vino marcado un día frío en Enero del 1996. Ése fue el día cuando Mark y Lara me encontraron.


Mi país, Taiwán...


Pero antes de llegar a ese día, dejadme que os cuente un poquito sobre esta pareja de salvadores.

Mark era un chico americano que llevaba un tiempo ya viviendo en Taiwán y se ganaba la vida como profesor de inglés. Se tiene que decir que Mark, un americano de carácter tranquilo y algo introvertido, debía ser uno de los muy pocos profesores de inglés en Taiwán – y eso que hay muchos – al que realmente le gustaba su profesión, o sea, enseñar. Por aquella época – y supongo que ahora aún más – Taiwán estaba plagada de jóvenes, muchos de ellos americanos, pero cada vez más europeos, australianos y sudafricanos, que venían a Taiwán con deudas acumuladas durante sus años universitarios, en busca de dinerillo fácil y un poco de aventura asiática. Si eras extranjero y blanco, era muy fácil encontrar trabajo de profesor de inglés en Taiwán, aunque no tuvieras experiencia, o ni siquiera supieras hablar muy bien el inglés! Lo que se llevaba entonces era mandar a los hijos a academias de inglés y fardar de que los hijos tenían un profe “blanco” – hasta se prefería a un español blanco con inglés de pena, a un americano o inglés nativo de raza asiática o negra! Una de las muchas locuras del Taiwán de entonces. Pero bueno, por lo que observo, a vosotros los humanos siempre os han gustado las apariencias...

Pero en fin… volviendo a Mark. Como digo, era un profesor fantástico y sus muchos estudiantes, la mayoría niños pequeños, le adoraban.

Lara, su novia, era una chica italiana de Roma. Tenía un carácter gigantesco, al igual que un gran corazón. Su gran personalidad italiana, pura pasión y sangre caliente, contrastaba con el carácter más bien frío de los taiwaneses, como fuego en medio del hielo. Lara era un personaje muy especial, con una de esas personalidades tan grandes, que cuando entraba en una habitación, su presencia la llenaba entera.

Ella, al igual que Mark, se dedicaba a dar clases de inglés y también de italiano, y de vez en cuando a hacer traducciones por encargo. Lara era muy polifacética, además de una sinófila empedernida. Había estudiado Chino y Estudios Orientales en la Universidad en Italia, y era una gran amante de la lengua y todos los aspectos de la cultura china, desde la Literatura, hasta la música pop – algo hortera – en Mandarín.


El Valle de Wulai

Por aquel entonces, tanto Mark como Lara ya llevaban unos años en Taiwán. De hecho, se conocieron y enamoraron allí.

Cansados del agobio que suponía vivir en medio de la ciudad de Taipei, que en aquella época estaba mucho más destartalada y sucia que ahora, decidieron irse a vivir a las afueras. Mientras que en Taipei se encontraban limitados a vivir en un pequeño y claustrofóbico apartamento, mudarse a las afueras les permitió encontrar una casa grande, con mucho espacio y luz. Mark era un gran aficionado a la bicicleta y a los paseos por la montaña. Le encantaban los espacios abiertos y el aire limpio de las montañas. Salir de la ciudad para él era un sueño. Lara, por el contrario, era una chica más bien de ciudad, pero se sentía más cómoda en una casa más grande donde podían perderse de vista de vez en cuando el uno del otro… la verdad es que eran bastante dispares de carácter, Mark y Lara, un poco como el sol y la luna, el día y la noche. Eso sí, su punto en común era un gran corazón y además – y ésta fue mi gran suerte – los dos sentían un gran amor y compasión por los animales, especialmente los perros.

Así que, armados con sus motos de segunda o tercera mano con las que se movían por Taipei, nuestros amigos Lara y Mark encontraron una casa en una pequeña urbanización en las montañas, muy cerquita del pueblo de Wulai, y allí se mudaron. A la pareja les acompañaba Cutie, una perrita que, aunque tengo que admitir que era algo consentida, era también cariñosa y encantadora.

La sorpresa llegó cuando, a los pocos meses de trasladarse a la nueva casa, Lara me encontró. Y no sólo me encontró a mi, sino también a mis cinco hermanos, tirados medio moribundos en un contenedor de basura…

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